El altar de Otoño del Bienestar

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    La llegada del otoño invita a la reflexión, da la bienvenida a la nueva estación con unos fáciles rituales mágicos que conseguirán ponerte en sintonía con los ritmos de la naturaleza, te purificarán, te ayudarán a superar los bloqueos energéticos y te permitirán prepararte para el invierno. Con el equinoccio otoñal se presenta otra nueva oportunidad de sincronizar nuestras vidas con los ritmos de la naturaleza. El 21 de septiembre marca el final del verano, la estación de la plenitud, por lo que, a partir de ahora, y hasta el solsticio de invierno, los días serán más cortos. La luz comienza su viaje de regreso a la oscuridad. Pero esta fecha es también el inicio de una segunda cosecha para muchos productos de la Tierra.

    Altar de Otoño para el Bienestar

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    En un lugar tranquilo de tu casa extiende sobre una pequeña mesa una tela de color tierra o uva. Pon sobre ella:

    • Un cuenco que contenga hojas de roble (curación), bellotas (longevidad), avellanas (reconciliación y felicidad en el amor), ramitas de pino (dinero) o ciprés (protección) y unas granadas (poderes psíquicos y sabiduría).
    • Junto a ellas pon una copa con vino blanco (alegría)
    • Enciende una vela marrón o hecha de miel (abundancia material).
    • Enciende una ramita de incienso de pino, de ciprés o de enebro, todos ellos protectores.
    • Activa el altar, es decir, enciende velas y el incienso los días de la Luna creciente. Luego, una vez a la semana durante todos los meses de otoño. Mientras esté activado siéntate como mínimo diez minutos frente a él.

    Relaja tu respiración y visualiza todo aquello cuanto desees conseguir, desde el encuentro con un alma gemela o la reconciliación con un amor del pasado hasta la venta de una casa o la llegada de un nuevo trabajo. Es preciso que tu imaginación sea muy vívida. Si quieres potenciar el hechizo escribe en un papel tu anhelo, dóblalo en siete partes y déjalo en el altar dentro del cuenco. Cuando desees desactivarlo extingue la llama de las velas con un apagador o con tus propios dedos. No soples, pues la energía acumulada se iría con el viento.